Plaza Jemaa el Fna

Si hay un punto de atracción verdaderamente interesante en Marrakech (con el permiso de los zocos) esa es la Plaza Jemaa el Fna, la cual, tanto de día como de noche, se convierte en un auténtico hervidero de gente, puestos callejeros, tenderos improvisados y la mayor variedad de personajes insólitos que te puedas encontrar. Su magnífica ubicación a las puertas de la Medina y a tan solo unos pasos de la popular Koutoubia hacen que tu paso por allí sea más que obligado.

Plaza Jemaa

Muchas son las hipótesis acerca de los orígenes de su nombre como “asamblea de los muertos” o “asamblea de la aniquilación”, ya que se sostiene la teoría de que en sus orígenes se utilizaba para exhibir las cabezas de aquellos criminales que eran sentenciados a muerte.

Actualmente la estampa ha cambiado bastante y no es de extrañar que ahora se la tipifique como una de las plazas más auténticas del mundo y que esté incluida en la lista internacional de Obras Maestras de Patrimonio Oral e Inmaterial de la Unesco por si carácter único e irremplazable, ya que pasear por ella invita a mantener los ojos bien abiertos.

El día y la noche

Los amables vendedores de zumo aterrizan a primera hora de la mañana para, desde muy temprano, ofrecerte un zumo recién exprimido por apenas unos 50 céntimos de euro. Con ellos conviven personajes de la talla de los sacamuelas, que ofrecen toda clase de piezas dentales a quienes no puedan permitirse pagarse un dentista; los encantadores de serpientes, las adivinas, las tatuadoras de henna, los acróbatas y hasta incluso los aguadores, quienes son conocidos localmente como gerrab y recorren la plaza ofreciendo agua para sofocar el intenso calor.

Al caer la noche, las carpas de comida tradicional comienzan a invadir el paisaje con esa humareda característica. Los recién llegados chiringuitos se convierten en improvisados restaurantes y tiñen la atmósfera con ese pálido halo blanquecino.

Carnes y pescados a la brasa, caracoles cocidos, harira (una sopa típica marroquí elaborada a base verduras y legumbres), pinchos morunos, tajines y, por supuesto, el tradicional té son algunas de las delicias que se pueden degustar, aunque, eso sí, hay que reconocer que echar un vistazo entre los chiringuitos es una auténtica prueba de fuego, porque ninguno de sus camareros va a permitir que pases por allí sin sentarte en su puesto y, creednos, son realmente insistentes. Nuestra particular recomendación es que os lo toméis con paciencia y disfrutéis de la experiencia con una sonrisa, porque sentarte a tomar algo rodeado de lugareños va a ser una de las experiencias más auténticas que viváis en vuestra estancia.

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